La tecnología avanza a pasos agigantados y uno de los ejemplos más claros lo encontramos en las impresoras 3D, que ya están al alcance del gran consumo, pese a que su coste es elevado y no están del todo estandarizadas.

Una impresora 3D es un dispositivo mecánico capaz de fabricar un objeto sólido tridimensional a partir de un prototipo inicial que previamente ha sido diseñado por ordenador empleando un software específico CAD, Diseño Asistido por Computación.

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Las impresoras 3D basan su funcionamiento en un proceso llamado “fabricación aditiva” o “manufactura aditiva”, mediante el cual los cabezales de impresión reproducen el objeto  superponiendo de abajo hacia arriba capas muy finas de un determinado material, normalmente polvo o plástico, siguiendo las instrucciones proporcionadas por el software que comanda la impresora.

Estos dispositivos utilizan diversas tecnologías de fabricación, aunque las más extendidas son las siguientes: impresión por láser, estereolitografía, impresión por inyección e impresión por deposición de material fundido. A día de hoy, los sectores que están aplicando esta tecnología son la alimentación, medicina y educación.

La industria alimentaria está trabajando con impresoras 3D que son capaces de imprimir todo tipo de alimentos frescos y nutritivos. Por su parte, la medicina también se está valiendo de este invento revolucionario, creando desde prótesis funcionales hasta huesos a medida. Incluso, en un futuro cercano, los científicos sostienen que se podrán “fabricar” órganos humanos.

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Asimismo, las instituciones docentes están integrando los dispositivos de impresión 3D en las aulas para mejorar los procesos de aprendizaje.

El revolucionario mundo de la impresión 3D está cambiando la forma de materializar objetos en todo el mundo. ¿Hasta dónde pensáis que serán capaces de cambiar nuestros estilos de vida?

En nuestra próxima publicación analizaremos la vinculación entre la impresora 3D y la impresión tradicional.