Todos sabemos que el papel se produce mediante la tala de árboles, sin embargo, el producir folios de papel tal y como los conocemos, no es tan simple. La celulosa de los árboles es la base de todos los tipos de material vegetal, ésta es separada en fibras y posteriormente mezclada con agua, la cual después se escurre y permanece una lámina de fibras entrecruzadas.
 
Para hacer un recordatorio de la composición de las fibras, hay que decir, que es un material vegetal, el cual se extraía antiguamente de distintas plantas, como por ejemplo la cebada, algodón o el lino. Sin embargo a partir del siglo XIX  se comenzó a hacer uso de la madera, que es el mejor elemento de celulosa y por consiguiente el material de mayor importancia en la actualidad. 
 
Existen dos tipos de fibras, la larga y la corta, ambas  se utilizan en la fabricación del papel, mezclándose según sea el tipo de papel que se pretende obtener. La fibra larga se obtiene a partir de árboles como el pino y el abeto, entre sus características se encuentran una alta rigidez y resistencia, y una elevada propiedad mecánica, cualidad importante para acuñar y troquelar. Chile, es un gran exportador de fibra larga. La fibra corta, por su parte se saca de árboles como la haya, eucalipto o el abedul, éste tipo de fibra aporta al papel las características estéticas como propiedades visuales y táctiles a la superficie. Un país gran exportador de ésta fibra es Brasil.
 
 
Por otra parte, y no menos importante en la composición del papel, son las llamadas Cargas, las cuales son elementos minerales, que permanecen retenidos entre las fibras, éstos compuestos son el Caolín, el Talco, y el Calcio. Las cargas, tienen mayor densidad que la anterior mencionada celulosa, por este motivo, éstas varían el peso específico del papel, así que su porcentaje debe ser controlado dependiendo del papel que se quiere producir.
 
Si se desea fabricar un papel con más volumen, se agregará menos carga. Además las cargas proporcionan determinadas características al papel, como mejorar su opacidad consiguiendo así aminorar la transparencia, además perfeccionan la blancura, puesto que los compuestos minerales de las cargas son blancos, y por último optimizan su imprimibilidad, porque disminuyen el grado de absorción del papel, concediendo un aumento del realce de la tinta.
 
El papel contiene aditivos para conseguir características determinadas. Los más utilizados son: el encolado, que ayuda a impermeabilizar el papel, ya sea superficial (mejora el realce de las tintas) o en masa (mayor resistencia a la humedad); colorante para darle color al papel; y blanqueadores ópticos que aportan mayor blancura en el papel.
 
La lignina es un componente natural, sin forma y de color oscuro, que se utiliza para unir fuertemente las fibras entre sí. Ésta es la responsable del envejecimiento acelerado del papel, ya que reacciona a la luz produciendo un efecto amarillento en él. En la elaboración del papel se puede extraer la lignina, por un lado, mediante un proceso químico utilizando reactivos como el sulfuro sódico y la soda cáustica. Mediante este proceso energético se consigue su extracción en gran medida, por lo que el papel se mantiene durante más tiempo blanco. Algunos derivados del cloro son los encargados del blanqueado de la pasta, pero cada vez más se tiende a utilizar derivados del oxigeno por motivos ecológicos. Por el otro lado, está el proceso mecánico, que se obtiene tratando la madera en muelas cilíndricas, que frotando y moliendo la desfibran. Se utiliza agua para evitar que se queme la fibra y, además, ésta sirve como vehículo de la lignina.